¡Oh, Diosa! ¡Oh, Dios!

¡Oh, Diosa! ¡Oh, Dios!

Dios es el creador y lo llevas dentro de ti. Tú tienes esta fuerza de crear y destruir todo aquello que decidas. Es importante que sepas que este poder solo lo puedes utilizar para ti y tu vida, pues cuando lo haces con los demás, tratando de manipularlos como tú crees; aunque lo hagas porque según tú es mejor para ellos, entonces estarías irrumpiendo en el respeto hacia el proceso de tus semejantes. Deja de fijarte e involucrarte con los demás y asume el poder para recrear tu propia vida, y sabe que si así lo haces, de esta forma estarás ayudando a otros, pues cuando tu retomas tu lugar, enalteces tu dignidad, recuperas tu fortaleza y vives en tu amor pleno. Entonces, todo aquel que se encuentre junto a ti, ya sea que pertenezca a tu misma familia o compañeros de trabajo o que esté en tu círculo de amigos, se beneficiará.

Es tiempo de tomar tu vida en tus manos; tu cuerpo, tus emociones, tu voluntad, tu amor por ti, tu expresión, tu pensamiento… Todo esto eres Tú. Respira profundo y llénate de tu propia esencia, imprégnate del perfume de Dios, cólmate de paz. Pinta tu vida con los colores de la divinidad; ya es el momento de brillar.

Mírate en el espejo; eres el Buda que tanto contemplas, el Cristo al que tanto amas, el Gurú al que sigues. Mírate al espejo, observa y siente tu divinidad, y asómbrate de tu Luz. Contémplate y reconócete, inclina ligeramente tu cabeza. Hónrate. Agradécete. Pon una foto tuya en tu altar para venerarte y llegará el día en que por fin te reconozcas como quien tú eres: tu verdadero maestro.

Sabe que esto no es narcisismo, se llama amor hacia ti mismo. Porque cuando te sepas en verdad Dios todopoderoso, amoroso, bendito, entonces serás un regalo para la humanidad porque te relacionarás y tratarás a los demás de la misma manera. Esto no quiere decir que vivas sentado en la cima de una montaña, con tus ropajes blancos y, en flor de loto esperando a que los otros te traigan sus ofrendas y te adoren; por el contrario, significa que sepas de tu divinidad más allá de las prendas con las que vistas y que al saberte vayas caminando encontrándote contigo mismo cuando mires a los demás. Que te reconozcas en el jardinero, en el rey, en el pordiosero y en el criminal. Esta es la verdadera iluminación, saber que todo es un juego, que es maya, que eres más allá de lo que se mira con los ojos humanos, que es la Luz de la consciencia la que te ilumina desde tu interior.

Sí, eres Dios.

Inspira profundo y en la exhalación deja que se desvanezcan todas las creencias de indignidad al respecto, de lo que te han dicho o haz aprendido “no soy digno de ser tú”, “cómo puedo creer semejante blasfemia”. Sí… Sí eres Dios, en esencia y en presencia. Eres una Diosa maravillosa, un Dios maravilloso. ¡Oh, Diosa! ¡Oh, Dios!

Ser Dios en el cuerpo es cuidarlo, venerarlo, alimentarlo y vestirlo como el Templo sagrado que es.

Ser Dios en las emociones es dejarlas ser sin quererlas controlar, vivir la dualidad y danzar con ellas,

Ser Dios en voluntad es sentirse digno, con confianza y alta autoestima. Consciente del poder, no sobre los otros sino sobre uno mismo.

Ser Dios en el amor es amar a otros como amarse a uno mismo, compartiendo y disfrutando de la Presencia.

Ser Dios en la expresión es compartir el canto de la vida que es la vocación y la misión para las que cada Ser encarna en este plano.

Ser Dios mental es tener la mente en paz para percibir lo que realmente es; más allá de las complicadas proyecciones y de las falsas creencias, tornando la mirada igual a la mirada cristalina e inocente de un niño que se sorprende y se maravilla.

Ser Dios en espíritu es venerarse a sí mismo todos los días al despertar y decir, “soy un espíritu divino viviendo la experiencia de ser humano y me atrevo a vivirla plenamente”. “Soy omnipresente, omnisapiente y me sé eterno, ya que mi experiencia va más allá del cuerpo que ahora visto.”

Ya es el tiempo de asumir que eres Dios y rezarte: “Integro a mi estar en el mundo mi sabiduría, vivo en un estado de enamoramiento continuo, de mí, del otro, de la vida, porque mi percepción es lúcida. Hoy renazco, hoy soy mas allá de la historia y de la experiencias que he vivido. Hoy, una Luz se abre en mi interior con cada inspiración. Me alimento desde la esencia y la irradiación se expande a mi cuerpo, a mis emociones y a mi pensamiento. Me comprometo a tomar unos instantes cada día para meditar, abrir mi corazón y reconectarme con mi Ser interior y así percibir, su guía”. Amén.

Hoy me asumo como mi propio Dios.

Dios hoy.

Dios soy.

Yo soy Dios.

DIOSOY.

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