El vacío

El vacío

Lleva tu mano derecha a tu nariz y presiona con tu dedo índice un orificio nasal mientras inhalas y, exhala por ese mismo lado. Ahora hazlo con el otro lado. Alterna ambas narinas hasta que ambos orificios nasales estén completamente destapados.

Ponte de pie o sentada con las plantas bien puestas en el suelo y con tu espalda recta, inclina un poco la cabeza hacia el frente hasta encontrar un punto en el suelo, fija tu mirada en este punto con los ojos abiertos. Imagínate parada sobre una plataforma que vibra y mueve todo tu esqueleto. Deja que tu cuerpo tiemble y se vaya soltando con el movimiento. Toma aire por tu nariz y al exhalar relaja la mandíbula emitiendo un ligero sonido.

Continúa temblando en tu cuerpo mientras imaginas que conectas una a una, las creencias de tu mente, patrones de pensamiento, dogmas, historia, pasado, anhelos; y en la exhalación, con un ligero sonido las vas soltando, una a una, hasta que te desinfles quedándote totalmente vacía.

Siente el vacío. No eres tus pensamientos, ni tus creencias, ni tus dogmas, ni tu personalidad. Entra en esta vulnerabilidad de ser nadie. Ni tus títulos, ni cursos tienen valor, ni la marca de ropa con la que te vistes, ni los complejos que cargas. Continúa respirando y vacíate de todos los conceptos de quien crees que eres incluyendo la información que has recibido en este capítulo y, en este libro. ¡Sí! deja todo y despéjate, totalmente, hasta que sientas tu ego desvanecido y tu cuerpo desinflado. Mantente en este estado durante algunos instantes… si surgen emociones en ti, déjalas salir. No eres lo que por tanto tiempo creías ser. Toca tu vacío.

Ahora, visualiza cómo en lo más profundo del vacío hay una luz interior que es inextinguible y permanente. Esta luz empieza a hacerse más presente y surge como una flama por toda tu columna, se enciende con un calor agradable y con el viento de tu respiración, se activa. Este fuego que danza, por momentos se estira como una cobra hacia arriba completamente erguida hasta enderezar completamente tu columna.

Con los ojos abiertos encuentra un punto frente a ti, enfócate allí y quédate mirando fijamente mientras sigues respirando de una forma continua y relajada; percibe cómo tu cuerpo está totalmente quieto. Permanece, por el tiempo que tú decidas, en este estado de meditación disfrutando de la quietud mental.

Respira la nueva vida en ti. Siéntela recorrer por tu cuerpo, sigue respirando la paz que eres. La grandeza de tu Ser.

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