La respiración

La respiración

 

Siente tu cuerpo, siente cómo fluye la vida a través de él.

Respira profundo, inhala y exhala.

Contacta con el aliento divino, ¿no es acaso el espíritu el que te da vida?

Siente tu corazón latir y ¿qué es aquello que lo anima?

¿Eres tú mismo… es algo más… es la energía o es Dios?

Siente cómo tu corazón bombea la sangre que corre a través de tus venas y arterias, oxigénala con una respiración profunda.

Es desde este nivel del cuerpo donde se vive la dualidad en la materia: por un lado, la sangre contaminada llega por las venas al corazón para oxigenarse y, por el otro extremo, sale la sangre purificada a través de las arterias y va a recorrer tu cuerpo.

Así, en la misma forma que la sangre circula por tu cuerpo, al inhalar conecta con el oxígeno que lo purifica y al exhalar, libera todo aquello que en tu interior se haya acumulado, como miedos, tristeza, rencores, rabia, pérdidas… Sí, libera a través de tu aliento para crear el espacio en tu interior y renazcas, te recuperes, te retomes.

Ahora, sostén tu aliento por un instante y contacta con la nada, el vacío, la pausa… hasta que sientas el impulso urgente de soltar el aire detenido dentro de tu cuerpo.

Exhala y vuelve a inhalar lentamente para que, después de la inhalación, vuelvas a hacer otra pausa y deteniendo el aire por un instante largo sientas aquello que emocionalmente detienes, cargas, sujetas y que te daña vivir aferrado a ello. Si decides, en la siguiente exhalación libéralo de manera fuerte y explosiva.

Sí, libera todo aquello que has cargado por tanto tiempo, que te ha desgastado y cansado; ahora, por fin, te has decidido a ser libre.

Puede ser el sobrepeso en tu cuerpo, relaciones que ya no funcionan, duelos de gente amada que ha partido, decepciones, frustración, enojo… Suelta, con tu exhalación, todo aquello que daña a tu cuerpo si lo mantienes dentro.

Continúa inhalando, enfatizando la exhalación, si sale de tu boca algún sonido está bien, ya que es liberación, si lo que sale es llanto déjate expresarlo. Suelta, con cada exhalación, hasta que te vacíes de creencias que te has impuesto, que te has exigido, que creíste eran verdad, siente cómo el aire las disuelve hasta que finalmente entres por un instante de nuevo en el vacío.

Ahora inhala de nuevo y, por el contrario, has una pausa después de la exhalación y antes de la inhalación. Al hacerlo, pregúntate qué es aquello que añoras “inhalar”, tomar del externo: tus sueños, tus ilusiones. Respíralo, inhalando profundamente varias veces impregnando tu cuerpo de esta energía. Vívelo, siéntelo… llénate de ti mismo, de tu energía, de tu esencia. Llena tu vacío hasta que te sientas satisfecho.

Ahora solo disfruta el fluir de tu respiración abriéndote al inhalar y relajándote al exhalar, momento a momento, instante a instante, solo siente el fluir continuo y constante, sin parar, pues cuando tu respiración al fin se detenga, sabrás que has muerto.

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