La cobra

La cobra

Respira de manera profunda y armónica sintiendo cómo al inhalar, todos tus órganos reciben oxígeno y al exhalar, se purifican hasta lograr diluir la densidad formada por la energía estancada; ésta se visualiza como una oscuridad; así que al liberar la energía en tu exhalación, imagina cómo, de nuevo, el órgano u órganos que visualizaste vuelven a brillar. En este sentido, el pranayama es la respiración y también es purificación. La respiración con los ojos cerrados te lleva a la ensoñación y si te concentras en la oscuridad almacenada de pronto surgirá la luz. Por el otro lado, si respiras con los ojos abiertos fijando la mirada en un punto, te llevará a “mirar” de manera más profunda la forma física que deseas desbloquear hasta que poco a poco se empiece a diluir apareciendo el entretejido de la maya del campo de energía del cual toda la materia está conformada.

Así es, la puerta para la meditación es la atención y la llave es la respiración.

Ahora gradualmente integrarás el movimiento al ejercicio. Siente tu postura y acomódala; no tienes que permanecer rígido sino a gusto, cómodo, mientras mantienes tu mente en estado de alerta concentrándote en tu respiración. Encuentra el ritmo de tu movimiento con la respiración en una forma lenta, suave, sensual y placentera.

Siente tu columna vertebral, muévela flexionándote hacia atrás y hacia delante muy despacio hasta que sientas la flexión de cada vértebra empezando desde la pelvis. Acomoda tu cadera en el asiento con movimientos suaves hasta que esté perfectamente puesta y descansando sobre la silla. Si estás sentado la cadera es tu base y si estás en una posición firme y cómoda, entonces con naturalidad surgirá el acomodo de tus piernas apoyando los pies, también firmes, con las plantas bien puestas sobre el piso. Ahora sí ya, con la base del sacro apoyada firme, elimina la curvatura de las lumbares que están a la altura de tu cadera, llevando tu pelvis ligeramente hacia el frente. El abdomen se mete cuando tú llevas la pelvis al frente. Así las lumbares se recargan rectas en el respaldo de la silla.

Ve subiendo tu atención a la parte dorsal de tu espalda y mueve tu columna hacia adelante y hacia atrás, encorvándote al exhalar y abriendo el pecho al inhalar. Repítelo realizando movimientos suaves y continuos para relajar la parte superior de tu espalda hasta que las vértebras dorsales queden alineadas con las lumbares de una forma recta.

Ahora, alinea (como una torre de cubos) las cervicales girando con suavidad tu cuello hacia un lado, hacia atrás, hacia el otro lado y hacia el frente, sincronizando los movimientos con tu respiración. Disfruta el movimiento mientras relajas la zona que conecta la cabeza con el cuerpo. Finalmente alinea de nuevo toda tu columna ensamblando todas las vértebras para unir e integrarlas una a una. Siente un cordón que recorre a lo largo de toda tu columna y siente cómo se estira por ambos extremos, el inferior sale de tu pelvis hacia la Tierra y el superior sale de tu coronilla hasta el cielo. Alarga tu columna ya alineada y sigue respirando consciente mientras lo haces.

Finalmente, la respiración fluye de una forma fácil, libre, mientras tu postura está completamente alienada y así entras a un delicioso estado de quietud total. Cuando te sientas tenso o rígido realiza movimientos minúsculos de la columna, simulando una cobra que danza al ritmo de tu respiración apoyada de la base en la Tierra desde donde se impulsa para levantarse erguida a la vida.

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