Abre tu coronilla

Abre tu coronilla

Respira profundo. Inhala. Exhala, y siente la quietud que mora dentro de ti. ¿Quién o qué hace que respires? ¿Quién o qué te mantiene con vida? Respira y sólo siente. Es la presencia de tu esencia. Aquietarte te lleva a conectar contigo.

Ahora empieza a mover tu cuerpo de forma muy lenta. Siente tu pelvis moverse en la silla, empieza a girar tu columna suavemente. Respira, mueve la columna como si fuera una serpiente, incluyendo tu cuello, respira. Siente cómo la conexión de tu cadera se extiende a tus piernas y llega a tus pies, respira. Muévete suavemente.

Ahora, en la parte superior, siente la conexión con tus brazos y siente, con micro movimientos (movimientos suaves, conectando y respirando), cómo estos se extienden hasta tus manos y a cada uno de tus dedos como si fuesen las ramas de un árbol Respira.

Ahora tu cuello. Gira la cabeza con suavidad mientras respiras. Deja por un momento el libro y, con una música suave, mueve tu cuerpo; cada parte y el todo con suavidad.

Empieza a visualizar a tu coronilla abrirse como una flor y a sentir, con cada respiración, cómo una luz entra y desciende por toda tu columna y se integra a todo tu cuerpo. Estamos empezando a abrir tu séptimo centro de energía que te conecta con la mente divina.

¿Cómo te sientes? ¿Más ligero, más concentrado, más en el “aquí y ahora”? Ésta es una forma de meditar activamente, donde no hay necesidad de cerrar los ojos, simplemente hay que traer tu presencia total a tu cuerpo y a tu respiración.

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